miércoles, 11 de abril de 2012

UNESA: un ejemplo de 'lobby' en España

UNESA es la Asociación Española de Industria Eléctrica. Está reconocida como uno de los grandes lobbys en España porque representa los intereses de varias empresas del sector, tratando de influir en las decisiones gubernamentales. Algunas de las empresas representadas son Endesa, Iberdrola, gasNatural fenosa, E.ON España y HC ENERGÍA. En definitiva, su función es impedir o forzar la aprobación de determinadas medidas favorables a su estrategia. Un ejemplo lo encontramos en las noticias que aparecen en la Sala de Prensa de su página web. Todas ellas están relacionadas con diversas peticiones al Gobierno: “Unesa pide al Gobierno que eleve un 30% los peajes de la luz” o “Unesa  urge al nuevo Gobierno del PP a reformar el sector energético”. También se promocionan en Twitter con algunos mensajes intencionados sobre la situación eléctrica. Aunque lo que más abunda son noticias favorables sobre sus inversiones y gestiones, como por ejemplo: “Las actividades eléctricas generan más de 200.000 empleos directos e indirectos en España”.

Además, la página web muestra el seguimiento de la regulación legislativa en Europa y España. En resumen, reúnen y procesan información sobre la actividad gubernamental y de otras instituciones.  En su versión online, también constan todas las actividades y promociones que organiza: conferencias, reuniones, entregas de premios, libros, etc. Es decir, divulgan información sobre la posición de la patronal. Aún así, no se especifica claramente la naturaleza y las funciones de UNESA ya que se centran en maquillar todas sus acciones, obviando lo negativo.

Por otra parte, no muestra total transparencia porque la financiación no está detallada claramente en la página web o es de difícil acceso. Ni siquiera aparece nada en el BOE. Aquí sólo se incluyen resoluciones sobre la formación del personal y la organización de estas empresas junto a decretos y recursos con respecto a la regulación de las leyes impuestas por el Gobierno. Es curioso comprobar cómo presumen de su accesibilidad y transparencia desde la versión online. El problema es que existen muchísimos documentos pero están poco estructurados.




Otros Principios

Pilar Piqueras (@karusa26), Cristina Barba (@Criskat9), Raquel Martín (@RachelMJ7) y Alba Martínez (@albabarambio)

Recortes en educación + sanidad = NO FUTURE





¿Cuáles son las técnicas para la comunicación del mensaje político en las instituciones?

Hoy en día, nadie duda del protagonismo que ha cobrado la comunicación verbal y no verbal en el mundo de la política. Se calcula que detrás de un líder nacional, hay un equipo formado por unas cien personas. A nivel local donde el presupuesto escasea, la preparación y el volumen de los equipos se reduce a un pequeño gabinete de prensa. Aún así, el propósito es el mismo: dar a conocer públicamente sus decisiones para que sean aceptadas por los votantes. Para ello, se emplean unas serie de técnicas de comunicación entendidas como “el conjunto de reglas (principios) y procedimientos (aplicaciones específicas) de la comunicación de intención persuasiva que, con recursos psicológicos e informativos, llevan a cabo las instituciones para influir en los destinatarios con el fin de conseguir en éstos una adhesión permanente para ejercer y distribuir el poder, y realizar el bien público”. (Canel, 1999)

Con este propósito en mente, normalmente “el diseño de las estrategias comunicativas comienza con el planteamiento de las clásicas preguntas de Lasswell: quién (emisor), dice qué (mensaje), por qué canal (oral o escrito), a quién (receptor) y con qué efectos (incidencia en la actitud de los receptores)” (Laguna, 2010). Éste simplemente es el primer paso que ha de tener claro cualquier institución, pero las técnicas de comunicación van mucho más allá. Graber realiza la siguiente clasificación:
-      - Cesión de información
-      - Ocultamiento de información
-      - Escenificación u organización de eventos
-      -Comunicación persuasiva o publicidad institucional

Es importante señalar que estas estrategias hacen su aparición cuando el político ha ganado unos comicios y no sólo en la campaña electoral. A pesar de que ya ostente el poder, éste ha de conservarlo. Por ello, el equipo que lo rodea tiene que esforzarse en realizar una “campaña permanente” donde el líder mantenga su imagen de cara a sus votantes. El político añade un plus de responsabilidad a su gestión ya que no goza de la misma libertad que antes. No puede hacer promesas con “fecha de caducidad incorporada” (Del Rey, 1997). O dicho de otro modo, mientras éste era candidato los compromisos y propuestas no tenían la misma validez que durante su mandato. De hecho, el incumplimiento de lo que dijo puede enterrar la confianza que en él depositaron aquellos que le apoyaron en las elecciones.

Volviendo a las técnicas de comunicación antes citadas, Canel señala que el éxito de las misma se basa en la justa medida con que se combinen. Esto quiere decir que los Gobiernos no utilizan una u otra estrategia, sino que optan por un equilibrio entre las mismas según sus necesidades políticas.

La cesión de información es básica ya que los políticos son conscientes del papel de los periodistas como enlace con los ciudadanos. Por este motivo, utilizan el poder que tienen los medios de comunicación de masas para difundir aquello que les interesa. Para ello, intentan mantener una relación cercana y constante con los media y se esfuerzan por satisfacer sus demandas. De esta manera, pueden atraer con mayor facilidad a los periodistas y “colar” informaciones que de otra manera no llegarían a los ciudadanos.

Respecto al ocultamiento de información, hay que señalar que los Gobiernos tienen el derecho a no desvelar determinadas informaciones si son perjudiciales para la “seguridad del Estado”. El problema es que a veces esto es una mera excusa para evitar publicaciones que afectan a la institución en sí, no a los ciudadanos. Entre las estrategias que utilizan los políticos encontramos: las mentiras, la confusión intencionada, la suavización del lenguaje, la neutralización de las noticias negativas, el off the record y las filtraciones. Desgraciadamente, tenemos varios ejemplos en la historia reciente de nuestro país: ¿Quién no recuerda la insistente negación de la crisis por parte de Zapatero? ¿O la teoría del PP sobre la autoría de los atentados del 11-M?

Otra estrategia muy típica y necesaria es la organización de eventos. De esta manera, la institución intenta hacerse eco entre los medios. Entre este tipo de acontecimientos mediáticos, podemos destacar: las ruedas de prensa, los briefings de prensa, los eventos especiales como los homenajes y los discursos. A pesar de que sean maneras recurrentes de acercarse a las instituciones, los periodistas se quejan porque estos actos suelen estar muy institucionalizados y cada vez es más complicado obtener información.

Por último, hay que citar la publicidad institucional mediante los anuncios en los medios de comunicación y el correo directo.

En resumen, lo que pretenden demostrar tanto María José Canel como otros autores es la importancia que tiene el gabinete de prensa para el líder de cualquier institución. O en otras palabras, quieren dejar claro que la buena gestión de la comunicación es sinónimo de control sobre los votantes. Por este motivo, el equipo del político no deja nada al azar, conscientes de que cualquier error puede tener un precio muy alto para la permanencia en el poder. E incluso, puede ser irreversible…


Otros principios
Pilar Piqueras Corchano (@karusa26)

sábado, 7 de abril de 2012

Una mirada a través de los muros de la Casa Blanca


‘The West Wing’, o en español, ‘El ala oeste de la Casa Blanca’, es una serie estadounidense creada por Aaron Sorkin, avalada por tres Globos de Oro y veintiséis premios Emmy. Durante siete temporadas, Sorkin y su equipo nos acercan a la infraestructura comunicativa de la Casa Blanca. Tal vez ahí resida su éxito ya que el espectador se sumerge en un entramado totalmente desconocido para cualquier ciudadano medio.

Como es de suponer, el capítulo piloto es una presentación de los profesionales que rodean al Presidente Josiah Bartlet (Martin Sheen). En este caso, la trama gira en torno a Josh Lyman, ayudante del Jefe de Gabinete. Unas declaraciones algo desacertadas contra la derecha cristiana ponen en entredicho su puesto. Por este motivo, Toby Ziegler (Richard Schiff) intenta hacer que rectifique ya que él es el Director de Comunicaciones. Su función se resume en esta frase a Josh: “Yo soy el encargado del mensaje que hay que dar”. Ante la negativa de Lyman de acudir a un encuentro con los integrantes del partido cristiano, Ziegler le recuerda: “Es mi trabajo decirle al presidente que lo mejor que puede hacer desde el punto de vista de las relaciones públicas es despedirte”.

En este capítulo, también comprobamos el poder que ejerce Leo McGarry (John Spencer) como Jefe de Gabinete de la Casa Blanca. Es el hombre más cercano al presidente y por lo tanto, todas las decisiones pasan por su despacho. De hecho, es McGarry quien se encarga de reunir al equipo para organizar el trabajo y tomar las decisiones pertinentes. Por otro lado, tenemos a C.J. Cregg (Allison Janney) que trabaja como Secretaria de Prensa. Además, es el enlace entre la institución y los medios de comunicación ya que también ejerce la labor de portavoz.

En realidad, lo más interesante de este capítulo es ver cómo se gestiona el mensaje político y cuáles son las funciones que desempeñan cada uno de los personajes. Este trabajo es muy importante ya que políticos y periodistas conviven y se influyen entre sí. No podrían subsistir los unos sin los otros. Parece que “la política que hoy día no sale en los medios de comunicación no existe; el político que no aparece en la prensa, no trabaja”  (Canel, 1999). Por ello, los responsables de comunicación de cualquier institución o partido han de definir de antemano la estrategia a seguir. Y sobre todo, deben conocer bien los ritmos y exigencias informativas para que no se perturbe la intención inicial de su mensaje.

En el capítulo siguiente, comprobamos todavía mejor hasta qué punto es relevante la labor de los asesores presidenciales. Tanto es así que todos trabajan codo con codo, sin que apenas existan secretos entre ellos. Un ejemplo lo encontramos en el affaire de Sam Seaborn (Rob Lowe) con una prostituta. Como ayudante del Director de Comunicaciones de la Casa Blanca, sabe la importancia de transmitir una imagen ejemplar. Por ello, decide contarle todo a Josh Lyman y Toby Ziegler. Éstos se alarman cuando Sam les confiesa que un periodista les vio juntos en el restaurante. Aún así, Seaborn hace caso omiso de las recomendaciones de ambos y decide volver a ver a la chica. Esto nos demuestra la responsabilidad de la que tienen que hacer gala los políticos ya que cualquier error puede ser difundido por un periodista, lapidando su carrera. No podemos olvidar la función del periodismo como un perro guardián que pretende evaluar la autoridad de nuestros representantes y reivindicar el derecho a saber de la ciudadanía.

Por otra parte, es interesante analizar la estrategia de comunicación del ficticio Presidente Bartlet (Martin Sheen) ya que es muy similar a la de Bill Clinton. En relación a esto, es importante señalar que la serie coincide con el mandato de éste último. Algunas de las características que tienen en común ambos gabinetes es el estilo desenfadado, espontáneo y directo. Un ejemplo lo tenemos en las ruedas de prensa de C.J., que no duda en utilizar el sentido del humor para contestar a los periodistas. Como señala María José Canel, el éxito de un portavoz reside en “estar suficientemente asequible a los medios de comunicación”. También observamos una tendencia hacia la visibilidad en los media,  propia del gabinete Clinton. De hecho, el equipo no duda en reunir a los periodistas para explicarles algo tan trivial como el esguince del presidente. De esta manera, consiguen mantener una relación cercana con los medios y adelantarse a sus necesidades.

También podemos encontrar esa cercanía en la figura del Presidente ya que no duda en llamar a la viuda de un médico asesinado por un misil sirio. En la serie se insiste constantemente en la bondad e inteligencia del Presidente Bartlet. Aparte de las cualidades innatas de cualquier político, “su liderazgo depende de la relación particular que tiene con sus seguidores, es decir, de lo bien que se lleve con todos aquellos a quienes tiene que liderar” (Nimmo, 1970). Entre ellos, se encuentran los votantes, el equipo gubernamental, los parlamentarios o congresistas y el partido político al que pertenece. “La comunicación presidencial está dirigida a todos estos grupos de seguidores, por medio de la creación de un liderazgo simbólico, es decir, de una combinación de lo que el Presidente es y de lo que él se construye con las técnicas de comunicación” (Denton y Hahn, 1986). Es ahí donde entra en juego la estrategia comunicativa preparada por el equipo presidencial, tan bien retratada a lo largo de las siete temporadas.  

En definitiva, lo que nos muestra esta serie es la necesidad que tiene el Gobierno de llevar a cabo una “campaña permanente”, lo cual implica el entendimiento de cada uno de sus miembros. Cualquier espectador se verá atrapado enseguida por la rapidez y trascendencia de los acontecimientos. A esto, hay que sumar la cuidada puesta en escena y la credibilidad que desprende cada una de las situaciones retratadas. Todo ello hace de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ una de las mejores series de los últimos tiempos ya que mediante unas excelentes actuaciones y un acertadísimo guión, consigue atrapar a partes iguales a crítica y público. 




Otros Principios
Pilar Piqueras Corchano (@karusa26)

martes, 13 de marzo de 2012

Corrupción en calumnia y difamación.

Los hombres que no amaban a las mujeres es el primero de los libros que componen la trilogía Millenium. Es obra de Stieg Larsson, y fueron publicados al poco tiempo de su fallecimiento.


En este libro el autor nos presenta a Mikael Blomkvist, un periodista de investigación que funda junto a su amante la revista Millenium. En ella se dedican a destapar trapos sucios y casos de corrupción en el mundo de la política y las finanzas, hasta que Mikael es acusado por calumnia y difamación por parte de un gran empresario, Hans-Erik Wennerström. La información para sacar a la luz sus negocios sucios se la facilitó un viejo amigo, y por supuesto no podía revelar su fuente. Tras el juicio, Mikael fue condenado a tres meses de prisión y ciento cincuenta mil coronas de indemnización por daños y perjuicios. Sin embargo, aun conociendo la sentencia, siguió manteniendo sus ideas sobre el empresario que acababa de mandarle a prisión.

Lamentablemente, casos de corrupción los hay todos los días y en todas partes, y el desmantelarlos es algo realmente difícil. En numerosas ocasiones, estos fraudes saltan a la vista, y si no, ¿Cómo alguien que ha tenido siempre un sueldo similar al de la media del resto de ciudadanos, consigue un puesto en política, por ejemplo, y de la noche a la mañana se nutre de bienes inmuebles de lujo y caprichos? Ocurre delante de nuestras narices, pero nadie tiene las pruebas consistentes para denunciar los hechos. Un periodista que intente mostrarle al resto del mundo un escándalo pone en juego no solo su vida sino también la de quien le rodea.
Por otro lado, difamación y calumnia son delitos en la profesión periodística. Ser acusado de ello puede envolverte en un serio problema, sin embargo hay que diferenciarlas bien. La difamación se trata de la transmisión de información falsa acerca de una persona con ánimo de dañar su honor, mientras que la calumnia es la imputación falsa a una persona aun sabiendo que es un hecho falso. No creo que una persona que arriesgue tanto de su vida para destapar algo que considera injusto según toda la información recaudada lo haga a sabiendas de que es un hecho falso. Aun así, si un periodista no posee las fuentes necesarias es recomendable hacer una mejor investigación antes de publicar cualquier cosa.

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Cristina Barba Martínez (@Criskat9)

martes, 6 de marzo de 2012

Periodismo de investigación ¿nutrido de fuentes fidedignas?

La puesta en escena del daño  que se le puede hacer a un periodista con una reputación intachable hasta el momento, acusado de informaciones difamatorias a una importante empresa. Uno de los puntos que me llaman la atención es el escaso compromiso de los demás profesionales de los medios de rastrear esa información, primando el descalificar a un colega de profesión. La competencia siempre ha existido, pero ¿prima sobre la información verídica? En este caso sí, lo importante es desprestigiar a Mickel. Son los periodistas los encargados de desmantelar este tipo de corrupciones políticas; sin embargo si la información que se investiga es perjudicial para algunos de los poderosos empresarios y empresas todo se complica. La lectura es un claro manifiesto de lo complicado que puede resultar a los periodistas el enfrentarse a según qué temas. Es muy llamativo que en sólo una ocasión se exponga por un lado, la carrera exitosa de Mickel, y por otro lado la trayectoria profesional que “indica que era un reportero muy prudente”, acompañando sus investigaciones de documentación sólida.
El hecho de que Salander sea la única que construya otra realidad que la obvia y especule con la sentencia judicial, deja entrever las incógnitas que plantea la denuncia de difamación. La duda que comienza a existir en el caso Wennerström, sobre las difamaciones del periodista  Mikael Bolmkvist comienza a plantear la honestidad de la empresa en otras ocasiones. También es importante añadir que la importancia de las fuentes y las consecuencias que éstas te pueden ocasionar. Como conclusión de estas primeras 90 páginas del libro Los hombres que no amaban a las mujeres, resaltaría lo importante que es la información y lo difícil que es llevar a cabo este tipo de trabajos. Dónde lo que prima son los intereses económicos y sociales de algunas personas, que están por encima de la investigación para esclarecer la verdad del asunto. Cuando jugamos con enfrentarnos al poder y el dinero, para esclarecer un hecho que puede resultar perjudicial para especuladores, los problemas comienzan a aflorar. Empresarios que se enriquecen a consta de mercados y políticas que se lo permiten. Inversores que a través de divisas, inmuebles, negocios con los que ganar dinero de forma rápida, sin ningún tipo de ética, ni conciencia social. Todo un entramado de influencias: juntas directivas de empresas, bancos y el gobierno aceptando situaciones similares.
No está tan lejos de la realidad en la que hoy día vivimos. Multimillonarios que montan tramas para lucrarse, en su mayoría pertenecientes a las élites de las finanzas. Temas de corrupciones políticas que están a la orden del día, hilos que conectan empresas y cargos públicos. ¿Somos conscientes de lo que sucede en nuestro país, en nuestro mundo? Historias que nunca saldrán a la luz, nunca llegaremos a conocer porque hay a quién le interesa que sea así. Podemos recordar muchos casos de este tipo: imputados que resultan ser absueltos, tráfico de influencias, facturas sin justificas…muchas cuestiones similares, inundan nuestra prensa y medios de comunicación diariamente. La tarea principal de un periodista de investigación es desmantelar y demostrar que algunos se enriquezcan de  los contribuyentes y negocios fraudulentos. Incluso a empresas como Milton Security con dedicación a investigaciones de este tipo, la presión, las influencias…le hacen en un principio pensar y  mermarse ante estos asuntos. La información debe ser tranparente, fluida, concreta… Es un derecho que las personas debemos exigir y valorar como se merece. En una sociedad democrática el derecho de informar y ser informado es uno de los principios fundamentales que se deben respetar.




Alba Martínez Quintero. (@albabarambio)